EES N°146
Comunicación y Transformaciones Socioculturales en el Siglo XXI
6to 1ra
Profesor: López, Ariel
Introducción
El siglo xxi se encuentra atravesado por transformaciones sustentadas en una revolución tecnológica que configura nuevas maneras de ser y estar en el mundo al impactar sobre las estructuras sociales, políticas, económicas, culturales e ideológicas vigentes durante más de dos siglos.
Las viejas estructuras de comprensión del mundo se encuentran en crisis dada su incapacidad para producir respuestas. Ya no es posible entender el funcionamiento económico únicamente a partir del modelo capitalista industrial avanzado, los comportamientos culturales desde el prisma de la racionalidad instrumental moderna, o analizar las conductas sociales desde un modelo único de sujetos con identidades fijas e invariables en tiempo y espacio.
El final de siglo XX trajo innumerables novedades en la Historia humana ya que se produjo ese momento clave que llamamos “cambio”: el fin del mundo bipolar con la caída de la Unión Soviética, el giro neoliberal, la desregulación del sistema financiero internacional, la globalización económica en un mercado sin fronteras, el fenómeno de la deslocalización de empresas, la crisis de la cultura de la modernidad, el debilitamiento de las soberanías de los Estados Nacionales, el conocimiento como riqueza, la crisis del empleo salarial, la revolución tecnológica de las comunicaciones, el aumento de la injusta distribución de la riqueza, la crisis de la familia tradicional, la incertidumbre, la inseguridad, la desprotección, la aparición de la economía virtual, la información como poder, el aumento de la pobreza y la marginación, la extensión de la economía criminal a escala global, la formación de sociedades duales, el fenómeno de la violencia urbana, la contracción espacio-temporal, el predominio de la libertad individual, el concepto directriz de Red, la reaparición de los nacionalismos y los fundamentalismos religiosos, el dominio del capital sobre la política, el retorno del pensamiento mágico, la muerte de lo real, la reindividualización, el reinado del deseo y el consumo, la estetización de la vida, la unión del arte y lo cotidiano, el aligeramiento de la cultura, la extraterritorialidad del poder, la revolución genética, el advenimiento de la videosfera, la crisis de la representación política, la disolución de la intimidad, entre tantas otras novedades.
Este panorama hace necesario construir un nuevo modelo que permita relacionar lo que
aparentan ser hechos aislados y que en verdad constituyen un entramado lógico y vinculado que se sostiene en su propio sentido, que constituye un nuevo paradigma de entendimiento.
Esto es lo que pretende esta materia construir, como un rompecabezas teórico, a partir de las piezas dispersas de nuestra realidad, un modelo de análisis de las transformaciones de
nuestro mundo contemporáneo, un modelo que nos dé la posibilidad de adentrarnos en la
experiencia más fascinante de la naturaleza humana: la reflexión sobre lo que nos pasa y
hacernos, con el afán de encontrar respuestas.
Actividad:
1. A partir de la lectura del texto de Anthony Guiddens que se presenta a continuación para analizar el fenómeno de la globalización, trabajar con las siguientes consignas.
• ¿Por qué Guiddens afirma que la globalización es un fenómeno “del aquí” que influye en aspectos íntimos y personales de nuestras vidas?
• ¿De qué manera la globalización se manifiesta en la vida cotidiana, en las relaciones sociales, en el modo de comunicarse, en las modas y en los hábitos de consumo? Justificar y citar algunos ejemplos.
• ¿Qué cambios se producen con la profundización de la globalización con respecto a instituciones tales como la familia y el trabajo?
• ¿Qué aspectos positivos y negativos se pueden destacar respecto del mundo globalizado? Justificar las respuestas ejemplificando con estadísticas, situaciones históricas y situaciones de la vida cotidiana.
Globalización
Anthony Giddens
[…] Es un error pensar la globalización como un fenómeno que solo concierne a los grandes sistemas, como el orden financiero mundial. La globalización tiene que ver no solo con lo que está “allá afuera”, remoto y alejado del individuo. Es también un fenómeno del “aquí” que influye aspectos íntimos y personales de nuestras vidas. El debate acerca de los valores de la familia, por ejemplo, que tiene lugar en muchos países,
podría parecer muy alejado de las influencias de la globalización. No lo está. Los sistemas familiares tradicionales se están transformando o se encuentran bajo tensión, en muchas partes del mundo, especialmente en la medida en que las mujeres centran sus reivindicaciones en una mayor igualdad. Por lo que sabemos de los registros históricos, no existió nunca una sociedad donde las mujeres fueran ni siquiera aproximadamente iguales a los hombres. Esta es una verdadera revolución global en la vida cotidiana cuyas consecuencias son percibidas en todo el mundo en diferentes esferas, desde el trabajo a la política.
[…] La comunicación electrónica instantánea no es solo una manera en virtud de la cual las noticias o la información se transmiten más rápidamente. Su existencia altera la textura misma de nuestras vidas, tanto de ricos como de pobres. Si la imagen de Nelson Mandela puede resultarnos más familiar que la de nuestro vecino de al lado, algo cambió en la naturaleza de nuestra experiencia cotidiana.
[…] Nelson Mandela es una personalidad globalmente famosa y la fama en este sentido, es, en sí misma, en gran medida, un producto de la tecnología de las nuevas comunicaciones. El alcance de las tecnologías de los medios masivos crece con cada ola de innovación. Se necesitaron 40 años para que la radio en los Estados Unidos ganara una audiencia de 50 millones. El mismo número usaba computadoras personales tan solo 15 años después del lanzamiento de la computadora personal. Se necesitaron unos meros 4 años, luego de que estuviera disponible, para que 50 millones de estadounidenses emplearan regularmente internet.
[…] La globalización, por supuesto, no se está desarrollando en un solo sentido y de ninguna manera es completamente benigna en sus consecuencias. Para muchos que viven fuera de Europa y Norteamérica, se ve incómodamente como occidentalización o quizás, americanización, en la medida en que los Estados Unidos son actualmente la única superpotencia con una posición económica, cultural y militar dominante en el orden global. Muchas de las expresiones culturales más visibles de la globalización son estadounidenses: Coca-Cola, Mc Donald’s, CNN.
La mayoría de las gigantescas empresas multinacionales están asimismo ubicadas en los Estados Unidos. Las más importantes provienen de los países ricos, no de las áreas más pobres del mundo. Una visión pesimista de la globalización la consideraría en gran medida como un asunto del Norte industrial, en el que las sociedades en desarrollo del Sur tienen una participación activa muy pequeña o ninguna. Dicha posición visualizaría a la globalización como destructora de las culturas locales, amplificadora de las desigualdades mundiales y un factor de agudización de la suerte de los empobrecidos. Algunos sostienen que la globalización crea un mundo de ganadores y perdedores, unos pocos en la vía rápida a la prosperidad y la mayoría condenada a una vida de miseria y desesperación.
Considerando las sugerencias para trabajar el texto de Anthony Giddens, se propone leer
los siguientes fragmentos del texto de Gilles Deleuze:
Postdata a las sociedades de control
Gilles Deleuze
[…] Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del siglo XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales.
[…] Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.
[…] Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. (…) Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa.
La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.
[…] Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa.
[…] En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “dividuos”, y las masas,
en muestras, datos, mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra.
[…] Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería ola introducción de
virus. Es una evolución tecnológica, pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es desconcentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción.
[…] Gran parte de la filmografía del documentalista Harun Farocki (1944) puede ser utilizada para abordar las características del pasaje de una sociedad disciplinaria a una sociedad de control. La torre panóptica típica de las prisiones encontró nuevas formas en las cámaras vigilantes que se multiplican en los cajeros, los bancos, los supermercados, los shoppigns, las autopistas y los escenarios en los cuáles transcurren las sociedades contemporáneas.
[…] La cultura del consumo como paradigma de los tiempos posmodernos puede ser abordada también en distintas películas. En Naturaleza muerta, desmenuza la construcción del relato de este tópico de la pintura del siglo XVII para compararlo con la producción de la fotografía para la publicidad contemporánea. De esta manera, desnuda los mecanismos de la creación de objetos de deseo, apetecibles por sí mismos, por sus características físicas, sus texturas, sus colores, su simbología. La imagen es creada para producir el deseo, no es un registro de un fenómeno existente, sino su propio origen. De una forma similar, en Los creadores de los mundos de consumo, muestra las estrategias de los centros comerciales en la ubicación espacial de la mercadería de acuerdo al camino y la mirada de los potenciales clientes. La colocación de determinados productos al lado de otros en la góndola se asemeja bastante a la yuxtaposición de planos en un montaje cinematográfico, y también va creando un relato, el relato del consumidor. En La solicitud de empleo, Farocki filma a un grupo heterogéneo de personas desocupadas, de diferente nivel socio educativo, que asisten a cursos en los cuáles se aprende a solicitar un empleo. Se les enseñan, por tanto, los gestos, las palabras y los movimientos de “utilidad” y “docilidad” que el sistema neocapitalista pondera como exitosos.
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